Cultivo del algarrobo: gran demanda y precios al alza | Agbar Agriculture

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El algarrobo, un cultivo alternativo de fácil manejo, con una gran demanda y precios al alza

cultivo del algarrobo

El algarrobo es un cultivo leñoso de la familia de las leguminosas, típico del área mediterránea hasta una altura de unos 500 metros de altitud. Su fruto es una legumbre cuya pulpa (90%) contiene una harina rica en azúcares, fibra soluble, antioxidantes y libre de gluten, además de pinitol, una sustancia anticancerígena y reguladora de la diabetes tipo 2. De su semilla o garrofín (10%) se extrae la denominada ‘goma de garrofín’, un estabilizante natural, E-410, que se utiliza en la industria alimentaria, principalmente, en panadería, heladería y productos cárnicos.

España es el primer productor mundial de algarrobas, también denominadas garrofas, con más de 60.000 toneladas al año, a través del cultivo de algo más de 42.000 hectáreas y una cifra total de árboles que supera los 50.000, según los últimos datos de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, correspondientes a 2021. Este informe recoge que la Comunidad Valenciana es la principal zona productora nacional, con más de 16.200 hectáreas cultivadas, que arrojan cerca de 11.000 toneladas producidas; le sigue de cerca Baleares, con 14.300 hectáreas; Cataluña, con 7.500; Andalucía, que cuenta con 2.300; y la Región de Murcia, con 1.800.

Cultivo del algarrobo en el mundo

En el panorama internacional, los principales países productores de algarroba, tras España, son Marruecos, Turquía, Argelia y Líbano.

Los expertos señalan que la cotización de la algarroba en los mercados está siguiendo una evolución  ascendente en los últimos años, lo que supone, sin duda, un argumento de peso para apostar por su cultivo, más aún, teniendo en cuenta las dificultades que está atravesando el sector agrícola, acuciado por una espiral de costes de producción al alza, las consecuencias de la invasión rusa a Ucrania, el incremento de la competencia internacional y el estrechamiento de los márgenes de comercialización.

La producción de algarrobas españolas se comercializa, mayoritariamente, en el mercado doméstico, que absorbe entre el 70 y el 80% de la producción total, mientras que el resto se dedica a la exportación, cuyos principales destinos son Italia, Vietnam, Holanda, Alemania, Francia, Bélgica y Suiza. España es deficitaria en la producción de algarrobas, es decir, existe una mayor demanda que oferta en el mercado, por lo que cada año tiene que importar este fruto de otras zonas, entre ellas, Marruecos, de donde proceden más de 15.000 toneladas, lo que refleja la situación de este cultivo y representa otro punto fuerte más para apostar por su implantación.

¿Cómo se cultiva el algarrobo?

A la hora de cultivar algarrobo hay que tener en cuenta que se trata de una especie muy rústica, de gran adaptación ecológica, arraigada en las zonas de secano de clima mediterráneo, hasta una altitud aproximada de unos 500 metros, aunque es muy sensible a las bajas temperaturas, que a partir de -4 grados centígrados sufre graves daños en los plantones, lo que se convierte en un factor limitante para su desarrollo.

En cuanto a los requerimientos de suelo, optimiza su comportamiento en aquellos más fértiles, profundos y frescos, aunque es tolerante a suelos poco profundos, pedregosos y pobres en nutrientes, pues su vigorosa raíz pivotante y sus numerosas raíces laterales exploran un amplio espacio de terreno en busca de humedad y nutrientes, además de que es muy tolerante a la salinidad.

Respecto a sus necesidades hídricas, el algarrobo es muy resistente a la sequía, por lo que predomina en España su cultivo en régimen de secano, ya que con lluvias de 350 milímetros al año produce pequeñas cosechas, aunque alternantes (lo que se denomina vecería). Sin embargo, a partir de 500 milímetros al año, se obtienen producciones aceptables; mientras que con el riego deficitario controlado, aportando entre 1.500 y 2.000 metros cúbicos por hectárea durante los meses que van desde la floración al crecimiento del fruto, se logran muy buenas cosechas, con una notable disminución de la vecería y un aumento considerable de la calidad tanto de la algarroba como del garrofín, así como del tamaño del fruto y de la productividad.

Aunque la mayoría de la superficie de algarrobo cultivada en España se trabaja en régimen de secano, con el 96% del total, en los últimos años, se ha registrado un incremento del número de plantaciones de regadío, utilizando, mayoritariamente, sistemas de goteo, con estrategias de riego deficitario. En las plantaciones jóvenes se recomiendan riegos de apoyo para favorecer el crecimiento vegetativo y la entrada en producción, mientras que en árboles adultos se aconseja aplicar dosis de entre 1.500 y 2.000 metros cúbicos por hectárea, preferentemente, entre los meses de abril y julio, periodo que coincide con la inducción floral y el crecimiento-maduración del fruto.

Fertilización del algarrobo

En materia de fertilización, en secano no suele abonarse, aunque las aportaciones de fertilizantes mejoran la productividad y el tamaño de los frutos. Mientras en secano se aprovechan los periodos de lluvias para fertilizar debajo de la copa del árbol, en regadío se suele diferenciar entre la aportación de nítrico-amoniacal durante los meses de desarrollo vegetativo y los de producción; la aplicación de potasio, para incrementar la calidad del fruto, entre finales de mayo y julio; y el fósforo, para aumentar el número de frutos y el desarrollo radicular, en otoño.

A la hora de elegir el material vegetal hay que tener en cuenta que los árboles se plantan procedentes de viveros, injertados mediante diferentes técnicas, ya sea mediante escudete, astilla o micropúa, o bien por la multiplicación del algarrobo in vitro. En España, las variedades que se cultivan han sido seleccionadas por su contenido en pulpa y están adaptadas a cada zona, aunque el mercado demanda cada vez más algarrobas con mayor contenido en semillas.

Marcos de plantación del algarrobo

En cuanto a los marcos de plantación, dependerán de si el cultivo se desarrolla en secano o en regadío. Mientras las explotaciones tradicionales utilizan marcos más amplios, de 10×10 metros, así como de 15×15 metros, las actuales emplean marcos más estrechos, de entre 8×8 y 10×7 metros, aproximadamente. Además, se plantan árboles hermafroditas o variedades hembras, en cuyo caso, se coloca un árbol hermafrodita rodeado de ocho árboles hembra para alcanzar una tasa del 12% de polinizadores.

Poda del algorrobo

Sobre la poda, hay que diferenciar los diferentes periodos de desarrollo del cultivo. La poda de formación suele ser muy ligera en los primeros años para no retrasar la entrada en producción, eliminando los rebrotes y las ramas bajeras y pinzando los ramos terminales para inducir la ramificación del árbol. También se recomienda que la poda de producción sea escasa, cada 3 o 4 años, de forma que se eliminan las ramas secas del interior del árbol para favorecer la iluminación y regular la producción, una labor que ha de realizarse a principios de otoño, usando una pasta cicatrizante para cubrir los cortes gruesos.

¿Cuándo se realiza la recogida?

La recolección de la algarroba entre los meses de agosto y septiembre, dependiendo de las variedades y las zonas de cultivo. Tradicionalmente, esta se realiza de forma manual, aunque las nuevas plantaciones ya están diseñadas para la recolección mecanizada. En las plantaciones tradicionales las algarrobas se recolectan mediante vareo con palos o cañas, teniendo cuidado de no dañar las inflorescencias, aunque también se están utilizando los vibradores de ramas. Los frutos se recogen en lonas extendidas debajo del árbol o bien mediante máquinas recolectoras, en el caso de depositarlos directamente en el suelo. En las plantaciones más modernas se utilizan vibradores monodireccionales para derribar el fruto y posteriormente amontonarlo mediante un barrido o soplado para, finalmente recogerlo del suelo con máquinas aspiradoras. También hay cosechadoras automotrices que recogen hasta dos hectáreas al día, para las explotaciones de una gran superficie.

En líneas generales, el rendimiento productivo del algarrobo depende de la profundidad del suelo, su fertilidad, la disponibilidad de agua y la aplicación de fertilizantes. El periodo más fructífero del árbol se suele dar entre los años 12 y 15 del injerto. En las fincas tradicionales de secano, se dan cosechas de unos 2.000 kilos por hectárea, mientras que en secanos que registran cierto nivel de lluvias al año, se pueden alcanzar unos 5.000 kilos. Lo idóneo para optimizar su productividad es utilizar la técnica de riego deficitario controlado, con la que se pueden lograr rangos de entre 8.000 y 10.000 kilos por hectárea.

Potencial para mejorar y crecer

El cultivo de algarrobo en España tiene ante sí la posibilidad de dar un salto cualitativo y cuantitativo y convertirse en una alternativa real para los agricultores, pues aún le queda mucho margen de mejora en cuanto a la implementación de sistemas de regadío, de forma que obtenga producciones más elevadas y de mayor calidad. A ello se une la necesidad de modernizar las tradicionales técnicas agronómicas, optimizando los marcos de plantación, mejorando la elección del material vegetal más adecuado a cada zona y características del terreno, aportando los nutrientes necesarios y mecanizando labores como la recolección.

Todo ello, con la vista puesta en aprovechar su demanda creciente en el mercado, así como sus características para consolidarlo como cultivo de alto valor, en base a su potencial, al igual que se está haciendo con otros cultivos leñosos, que ya están acometiendo la reestructuración de explotaciones tradicionales, dando paso a otras más intensivas, mecanizadas, modernas y con bajos costes, asesorados por técnicos y expertos con amplia experiencia, que minimizan el riego en la toma de decisiones y multiplican las posibilidades de tener éxito. Además, en España hay una gran parte de fincas de algarrobos de pequeña superficie que si se convirtiesen en plantaciones de mayor tamaño obtendrían las ventajas derivadas de las economías de escala.

Las cotizaciones también están acompañando y en los últimos años no han dejado de crecer. Por un lado, la algarroba o garrofa ha pasado de registrar unos precios de compra de 0,20 euros el kilos a oscilar entre los 0,75 y los 0,80 euros el kilo; y el garrofín no se queda atrás, pues ha encadenado constantes incrementos en su cotización, de alrededor de un 30% en las últimas campañas, hasta duplicarse en el último año, llegando a contabilizar cerca de los 14 euros el kilo.

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