Agricultura intensiva en la Península Ibérica como inversión segura

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¿Por qué la agricultura intensiva en la Península Ibérica continuará atrayendo inversores internacionales?

¿Por qué la agricultura intensiva en la Península Ibérica continuará atrayendo inversores internacionales

El sector de la agricultura intensiva en España y Portugal ha visto una ola de inversiones en los últimos años que responde a múltiples factores. En este artículo Roberto Vitón, Director de Valoral Advisors, explica este proceso y lo que podemos esperar para los próximos años.

Valoral Advisors es una firma de asesoramiento en inversiones en el sector de la agricultura y alimentación. La firma, con base en Luxemburgo, colabora con family offices, fondos independientes e inversores institucionales que buscan ganar exposición a las diferentes temáticas que ofrece el sector. Roberto Vitón cuenta con más de 20 años de experiencia en roles de asesoramiento y gestión de inversiones en el sector a lo largo de todo el mundo.

El auge del sector agrícola

Desde mediados de la década del 2000, con el crecimiento de China y otros mercados emergentes, el sector de la agricultura comenzó a posicionarse como un receptor de capital institucional, atraído por tendencias estructurales tanto del lado de la demanda como de la oferta.

En particular, uno de los sectores que ha atraído más interés de manera consistente es la producción primaria de cultivos – tanto extensivos como intensivos –, en donde la inversión en tierra es considerada un activo real con los atributos que puede ofrecer en términos de su valor subyacente, la estabilidad de sus retornos, la diversificación que ofrece en portafolios y la potencial cobertura frente a la inflación.

Importancia de los cultivos intensivos o leñosos

A diferencia de los cultivos extensivos o anuales, los cultivos intensivos o leñosos ofrecen a los inversores algunas características que los hacen particularmente atractivos, especialmente para inversores institucionales. Entre ellos, se destaca la mayor intensidad en el capital requerido, mayores barreras de entrada (entre otras el clima, disponibilidad de cierta infraestructura, mercados de comercialización menos estandarizados) y retornos potencialmente más altos que los cultivos extensivos.

Así, la última década ha visto un gran proceso de inversión liderado por inversores institucionales incluyendo fondos de pensión y fondos especializados en agricultura, a lo que se suma un proceso natural de consolidación de la industria que ha visto nacer grandes grupos integrados verticalmente.

Dado el natural perfil de largo plazo de estas inversiones, la mayoría se han concentrado en países con alta calidad y seguridad institucional. Así, los grandes “jardines” del mundo, incluyendo el valle central de California y la costa Mediterránea, y varios países incluyendo Australia y Chile, han visto un flujo de inversión que ha transformado y modernizado el sector frutícola y hortícola en las últimas dos décadas.

La Península Ibérica como lugar estratégico

En este contexto, la península ibérica vivió este proceso con más intensidad en los últimos años, a medida que los inversores con exposición a California y a otras regiones del mundo, han buscado diversificar sus áreas geográficas de producción. Este movimiento ha coincidido, y posiblemente se ha visto acelerado también, por el fenómeno de cambio generacional en la región.

Además, España y Portugal se han beneficiado de las inversiones de irrigación hechas a lo largo del tiempo, y de los marcos legales para la gestión del agua, que han posibilitado el incremento del área regable. Por el lado de la demanda, cuentan con un mercado interno en Europa para colocar la exportación de una gran variedad de frutas y hortalizas. Estos son aspectos importantes para los inversores extranjeros.

El interés de los cultivos ha estado asociado a varios aspectos, incluyendo la disponibilidad de superficies con escala, el mayor interés en cultivos mecanizados y evidentemente la proyección de demanda y rentabilidad esperada. Así, ha habido olas de interés comenzando por el olivo y siguiendo luego por los berries y los almendros, entre otros. Asimismo, existe interés actualmente también por cítricos, frutas de hueso y más recientemente también por cultivos tropicales, como el aguacate.

¿Quiénes son los inversores en agricultura?

Cuando hablamos de inversores, debemos incluir tanto a los locales como a los extranjeros. Para la mayoría de los inversores extranjeros, la inversión en cultivos intensivos en la Península Ibérica requiere indefectiblemente la asociación con grupos locales u operadores locales que tengan la capacidad de ejecutar y gestionar inversiones significativas, en muchos casos integrando la producción primaria con el procesamiento y comercialización de la producción.

En este contexto, hemos visto inversiones directas hechas por grandes inversores institucionales, así como también el surgimiento de fondos de inversión locales, y la llegada de otros fondos extranjeros, con la intención de ofrecer un vehículo para inversores locales como extranjeros.

Los modelos de inversión vistos en la Península Ibérica varían en función de varios factores. Por un lado, vemos interés en el desarrollo de nuevas fincas, aunque también se ven adquisiciones de fincas ya desarrolladas. Por otro lado, existen opciones para invertir y arrendar las fincas, aunque mayoritariamente se opta por la gestión de las operaciones lo que implica asumir el riesgo operativo y comercial. También existen alternativas entre lo que es la especialización por cultivo vs. una inversión más diversificada. Y finalmente, los modelos de inversión se diferencian también entre los que se concentran en la producción primaria y aquellos que buscan una integración vertical para capturar el valor generado en la logística y comercialización de las frutas y hortalizas.

Todo este espectro de alternativas ofrece un rango de rentabilidades esperadas que resulta muy variado. Hemos visto recientemente desde las inversiones más conservadoras enfocadas en la renta con tasas de retorno cercanas al 6%, hasta tasas de retornos que van del 10% al 15% en el caso de desarrollo de nuevas fincas y en función al cultivo, la zona y el tipo de integración vertical que exista.

Aspectos que afectan a las inversiones agrícolas

En lo inmediato, estamos en un contexto que puede generar más cautela entre los inversores. A medida que transitamos hacia el segundo semestre de 2022, por un lado los efectos remanentes de la pandemia y el shock global generado por la guerra en Ucrania presentan desafíos para la agricultura, entre otros por el incremento del precio de los insumos y el transporte, así como por las continuas complicaciones en la logística. Asimismo, los cambios generados por estos shocks en el comercio global y las importaciones que arriban a Europa, ponen presión en la rentabilidad de diferentes cultivos.

Por otro lado, la alta inflación afecta el poder de compra de los consumidores. Tampoco podemos olvidar que la suba progresiva de las tasas de interés, aún partiendo de niveles bajos, es otro factor a considerar en este tipo de inversión.

Más allá de la coyuntura presente creemos que hay un factor sobresaliente y es el impacto del cambio climático en la producción de cultivos intensivos en la región. Por eso, más allá de la tesis general de inversión, resulta clave la selección de los activos específicos en donde se desee invertir. Los eventos climáticos extremos de los últimos años ponen este riesgo de manifiesto.

Por ello, las condiciones climáticas y ambientales del lugar – disponibilidad y calidad del agua, riesgos climáticos como las heladas y el granizo, y las variaciones térmicas extremas – pasan a ser un factor crítico en la evaluación de las inversiones, en donde el manejo agronómico se revaloriza, desde la selección de variedades, diseño de los proyectos y la gestión sanitaria y nutricional de los cultivos, buscando eficiencia productiva y económica.

Podemos concluir que si hay algo que caracteriza a la mayoría de los inversores que están entrando al sector agrícola en la Península Ibérica, es su visión de largo plazo y su énfasis en la sostenibilidad de los sistemas de producción, en donde por ejemplo la huella de carbono y la huella del agua pasan a ser parte de sus criterios de inversión. En nuestras conversaciones más recientes con inversores, observamos un interés muy firme en sus planes de inversión a pesar de la mayor volatilidad actual, que responden en muchos casos a un plan de diversificación internacional como parte de un proceso de alocación de capital al sector.

En este contexto, esperamos ver un flujo sostenido de inversiones tanto en España como Portugal en los próximos años, con competencia por los mejores activos (en términos de calidad y tamaño) tanto entre inversores institucionales como grupos estratégicos del sector, y con una orientación cada vez más evidente hacia una mayor tecnificación y reconversión de cultivos, apostando a variedades que respondan mejor productivamente y provean los atributos demandados por el consumidor.

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